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El viaje de Guibar (historía persa del pánico) parte 1.

La siguiente dedicatoria se encuentra a modo de prólogo en los folios que contienen el relato de el viaje de guibar.
Tanto el prólogo como el relato están escritos a mano y ambas caligrafías distan inmensamente de pertenecer a una misma persona. La dedicatoria se le atribuye a un tal Deboresto, supuesto filántropo de las artes de la Constantinopla de mediados del 400.
Aparentemente por el trato y la fecha, esta dedicatoria estaba destinada a Teodosio segundo, aquel que reinaba por esas fechas.
Sin embargo el autor de la obra sigue siendo desconocido y sin lugar a dudas murió pobre o triste o las dos.

"Espejo de la nobleza, parámetro de la justicia y sinónimo del sano juicio, a usted me dirijo desde la insolente posición de considerar algo digno de ser leido por su majestuosa persona.
Lo que a continuación anexo es tan digno, me atrevo a decir, como cualquier otra obra de las letras que haya visto la luz alguna vez.
Me atrevo a decir nuevamente por el animo exaltado dos veces insolente de sentirme leido por usted, que el siguiente relato puede compararse en su belleza a aquella magna obra que usted tuvo el tino de compartir con la humanidad, "tratado sobre la posición correcta de las piernas a la hora de cenar", obra que ni el peso entero del tiempo lograra siquiera emborronarle una coma.
Es este un relato sobre pormenores y desencuentros que tal vez logre amenizar la ardua tarea de regir un imperio sin falla alguna.
Si alguna de las palabras contenidas rozara su magnifica dignidad ofendiéndolo, encomiendo entonces mi alma a zoroastro y mi cabeza a sus verdugos."

El viaje de guibar

Guibar era juicioso y sano, tanto que levantaba sospechas. Era moneda común oir a sus vecinos arrojar mailiciosas injurias insostenibles sobre su persona.
Cuando Guibar viajó a Menfis en Egipto y regresó sin lepra, sus vecinos dijeron "ha hecho pacto con el diablo". Propusieron quemarlo por una ofensa tan grave al nombre de una ciudad que se había ganado honradamente su fama de nido de leprosos.
- Dime guibar- pregunto el mas envidioso de sus vecinos-, ¿que acaso Gador, el médico de la corte, no ha declarado nido de lepra a menfis?
- Si- dijo guibar-, así se ha pronunciado.
- ¿Como es entonces que tu estés sano habiendo regresado de aquella ciudad?
Ante esta pregunta tan llena de sutil ingenio pernisioso los vecinos que presenciaban el interrogatorio no pudieron ahogar una exclamación de triunfo. Guibar continuó removiendo su tierra donde sembraba habas y respondió tranquilo.
- Creo entonces que gador se ha equivocado.

Eso fue el colmo de lo impúdico. Una mujer que presenciaba el interrogatorio cayo desmayada, ya su madre le había advertido que Constantinopla no era la misma pero nunca hubiera creido que iba a vivir para ver el día en que un simple agricultor cuestionara publicamente al médico de la corte.
Guibar fue apresado y llevado a que le corten la cabeza en el primer turno disponible.
Por suerte para el se estaba llevando a cabo la ejecución de un carpintero que había sido sorprendido comiendo carne de cordero sin llevar zandalias. todos estos eran signos que a los sabios perturbaban, las leyes de la decencia caían en desuso y uno podía considerarse afortunado si presenciaba quince ejecucuiones en un buen día.
- ¡Pero es que me han amputado los pies hace dos años por no comer cordero un jueves!- decía el condenado- ¡¿cómo puedo llevar zandalias?!
- ¡Cesad tus herejías vil engendro!- bramó el verdugo- esta es una tierra justa y sus leyes no son otra cosa mas que el reflejo de la razón pura. ¿Es que hay alguien en su sano juicio que no sepa que el cordero no puede ser comido con las plantas de los pies haciendo contacto en tierra firme? ya lo dice el tercer libro de zoroastro "y el cordero comieron. no había tierra en sus pies". Pues entonces ya sabes.
Guibar contemplaba entristecido la escena. No tanto por el ni por el carpintero si no por el futuro de un mundo donde uno moría por no tener lepra o por no tener pies donde poner zandalias cuando tenía hambre de cordero.
- Pero sabe dios que no soy un bruto sin corazón- dijo el verdugo.
- ¡No miente!- exclamó la muchedumbre toda. Aquel verdugo había juzgado una vez a un niño que había puesto en duda la existencia de los basiliscos y se había librado de esto simplemente con un brazo menos. A partir de ese día el verdugo se ganó el apodo de "el magnánimo".
- Te diré lo que haremos. cortaré tu cabeza y si eres inocente entonces el angel de la justicia descenderá y la unira con tu cuerpo nuevamente mostrando mi equivocación.
Nada pudo haber sonado mas justo para la muchedumbre.
El verdugo levantó su hacha. El carpintero creyó adivinar un cuerpo luminoso que descendía de los cielos, no era otra cosa mas que el brillo del hacha que descendió hastá atravezar su cuello como si de trigo estuviera hecho.
guibar, el verdugo y la multitud esperaron unos segundos.
El angel de la justicia no descendió de los cielos y nadie cuestionó la culpabilidad del carpintero

Era el turno de Guibar.

Comments(2) »


  1. un teologo muy importante 2007-11-06 - 19:28:27 GMT -3

    hola mariano.

    Esa historia es fabulosa, yo la conocía pero con alguna variación.

    el protagonista era un perro y todo pasaba en la luna pero el resto era igual.

    bueno, te dejo mi telefono en produccion, estaría bueno que me bañes algun día.

  2. mm+y0+=) 2007-11-07 - 00:53:29 GMT -3

    koRaz0onnm,,...!

    en RealidAd nunkA leo lo k escribEs ^^ pero tu m EnCanTA,zzz

    pkpkpk,,, no Estas aki,, k mal baa k le boy aser,,

    adios

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