la muchedumbre empujó a guibar hasta situarlo a los pies del verdugo.
- Beodul de agsana- exclamó el verdugo-, se te juzga hoy por el crimen de dormir mirando hacia el este. Dictan las leyes que tu cabeza no sea parte de tu cuerpo nunca mas a no ser que pudieras unirla por tus propios medios sin ayuda de magos o...- Un campesino un tanto avergonzado se acercó interrumpiendo al verdugo, el cual giró violentamente hacia el.
-¡qué!- exclamo.
- oh magnánimo- dijo temeroso el campesino-, me temo que estás juzgando a la persona equivocada.
tras decir esto el campesino le alcanzó al verdugo las señas de Guibar.
- ¿Guibar?... ¿y donde está ese engendro del mal llamado Beodul?
- ya le has cortado la cabeza magnanimo- luego de decir esto el campesino señaló a una de las cabezas rodeada de moscas que adornaba el montón.
- ya veo... aun así no deberías atreverte a interrumpirme campesino sucio e indigno.
- ¡perdona magnánimo verdugo!- dijo postrándose ante el- ¡temía que juzgaras con ligereza la acción de este confundiendola con la de aquel!
- ya veo... ¿que ha hecho este?
- Ha afirmado publicamente que Gador, el medico de la corte, se equivocaba juzgando a Menfis nido de leprosos.
- ¡oh fiel campesino! ¡cuan juiciosa ha sido tu interrupción! el cielo no hubiéseme perdonado juzgar tal alevosía del mismo modo que la de aquel llamado Beodul.
mientras el campesino se entregaba a estas súplicas por una justicia mas certera, Guibar relegado al olvido momentáneo observaba la corta hoz de mano que colgaba del cinto del campesino y con tanta habilidad como culpa la tomo ligero y la ocultó contra su brazo.
- ¡Guibar, eres tu el mas impío de los pecadores! la pena que se te aplica es la máxima. Tu cabeza sera separada de tu cuerpo sin chance de que mago u angel pueda volver a unirla.
la muchedumbre rugió y guibar templó su espiritu, ahora su mente estaba tan fría como el agua de la luna.
-les pido sí, que observen por un segundo el monte de los sueños- dijo Guibar cuando la multitud se hubo calmado- y me digan si no está prendido fuego, señal que me absolvería por completo.
El monte de los sueños estaba a las espaldas de los espectadores. No había ley alguna que señalara a aquel monte incendiándose como señal de perdón pero aun así la multitud giró al unísono sus cabezas imbuidas en el respeto a aquel monte sagrado.
Un segundo después nadie observaba a Guibar o al verdugo que tampoco observo como su prisionero con dos veloces estocadas hizo penetrar la hoz que escondía a travez de su axila izquierda hasta tocar dos veces su corazon dándole muerte.
Cuando la multitud se volvió lo único que encontró fue al verdugo caido y la figura de un hombre galopando ya lejos.
- ¡Zoroastro no ha querido la muerte de Guibar!- exclamó uno de la muchedumbre-, ¡es justo que pague entonces aquel que lo ha traido!
entonces la muchedumbre le cortó los testiculos al vecino de Guibar y violó a sus hijos.
todos eran felices menos Guibar que cabalgaba firme pero sin la menor idea de hacia donde ir.
Luego de una hora, necesitando serenar su mente, Guibar divisó una cueva y decidió descansar oculto en ese lugar.
Cuando entró en ella oyó los gritos de socorro de una mujer. Con la hoz en su mano se adentró hacia la obscuridad guiado por los gritos.


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